Le pedí que sonriera para la foto. Con la mirada
me respondió: "Anda, tómala y dejémonos de tonterías".
Desde entonces no he podido olvidar el rostro de
este niño. Lo llame Elián recordando a aquel otro niño que hace algunos años se
convirtió en símbolo de la revolución cubana al regresar con su padre a la
Habana tras haber sobrevivido al naufragio de una balsa que se dirigía a Miami,
donde su madre perdió la vida buscando otro futuro a su pequeño.
Por mas que intento no recuerdo su nombre. A
veces pienso que es irónico ya que su rostro no lo he podido olvidar. Otras
veces pienso que es un mecanismo de defensa y mi mente simplemente no lo quiere
recordar. O no quiere ponerle nombre al dolor.
El destino me devolvió a la isla de Cuba luego de
18 años de haber estado ahí por primera vez. Aquella ocasión fue un viaje de
placer (y vaya que lo fue), esta vez fueron cuestiones de trabajo. Después de
habernos instalado en el hotel y como no tendríamos actividades hasta el día
siguiente, nos dispusimos a disfrutar la belleza de la hermosa ciudad de La Habana.
Con cámara en mano salí con Virginia a recorrer las calles del centro de la capital de la
isla.
Hermosos edificios coloniales roídos por el
tiempo y la falta de mantenimiento son la constante en La Habana: El Capitolio, el Teatro Nacional, La Catedral, las antiguas casonas que antes pertenecían
a la gente pudiente, ahora convertidas en departamentos para numerosas familias
que viven aglutinadas. Fotos aquí y allá.
Mientras disfrutabamos a un grupo que tocaba un riquísimo Son, sentí que me
jalaban la camisa tratando de llamar mi atención. Voltee y vi a un niño de unos
9 años a lo mucho que me miraba fijamente. Lo salude y le pregunte que era lo que quería mientras metía mi mano a la bolsa
del pantalón buscando algunas monedas. No hubo respuesta.
Hasta entonces me percate que junto a él se encontraba una señora de edad mayor que en ese momento me pregunto si estaba interesado en Puros Cubanos -Cohiba y/o Partagas directos de fabrica- me dijo. A mi no me interesaban pero a Virginia si; ella ya se encontraba en amena charla con los soneros. Le comente del ofrecimiento de la señora e inmediatamente entro en discusión con ella para intentar rebajar el precio de los cigarros. Ver negociar a Virginia es siempre un espectáculo en sí, generalmente siempre gana. Esta vez tuvo un feroz enemigo, la anciana no se rendía. Mientras esto ocurría me percate que Elián no dejaba de verme. Baje la mirada y me agache un poco para acariciarle el pelo, le pregunte como se llamaba y la respuesta fue la misma: Silencio.
Como las negociaciones no llegaban a ningún lado, Virginia decidió que no compraría nada hasta no ver el producto. Por primera vez, España y Cuba estuvieron de acuerdo. La señora nos pidió que la acompañáramos a donde se encontraban los cigarros.
Caminamos varias cuadras hasta llegar a las puertas de una vecindad no muy diferente de las que te encuentras en México. Ya mi atención estaba centrada en el pequeño Elián. Durante el trayecto lo había estado observando: no soltaba la mano de la anciana y le llamaba lo atención todo lo que se cruzaba; pateando todo lo que podía patear a su paso. De cuando en cuando volteaba a ver y me clavaba su mirada, o al menos eso me parecía, Pero no percibía en su rostro ningún gesto o signo de emoción.
Entramos al interior de la vecindad (que a decir verdad, lucia mucho mejor que el exterior) y nos dirigimos al departamento del fondo. Me encontraba alerta y con cierta desconfianza pues hasta ese momento caí en la cuenta que habíamos seguido a una desconocida con un niño a una vecindad que parecía abandonada para comprar cigarros en el mercado negro. ¿Donde había quedado el sentido común?
El departamento contrastaba con lo que se veía por fuera, tenia todas las comodidades que el capitalismo puede comprar; La televisión de 46 pulgadas de pantalla plana sobresalía del resto de los muebles. La casa se veía bastante cómoda y no se sentía que ahí se pasara penurias o que estuvieran preocupados de que iban a comer al día siguiente. Elián y yo nos instalamos en la sala acompañando a una joven mulata que miraba absorta una película vieja de vaqueros. Ni siquiera nos volteo a ver cuando invadimos su espacio. Un hombre mayor de complexión robusta se acercó a Virginia y le pidió que lo acompañara a la sala.
Nuevamente empezaron las negociaciones acerca del precio de los puros. De repente el hombre hizo una seña y la mulata sin dejar de ver la tele, se levanto y se dirigió a la cocina; regreso con 3 cajas de madera. La mujer mayor que nos llevo hasta allá, saco una libreta y empezó a escribir en ella.
El hombre se dirigió a la sala y saco de un cajón otra caja que contenía los sellos que garantizaban que el producto era legitimo y de calidad. El y la mulata de inmediato se pusieron a pegar los sellos a la caja y a los puros. El negocio se había cerrado.
-¿Me la prestas?- me dijo Elián.
-¿Perdón?- Respondí sin voltear, mientras veía como trabajaban con los puros
-Que si me prestas tu cámara fotográfica.
-¿Sabes como se usa?- le pregunte volteándolo a ver, seguro que encontraría ese brillo en los ojos de un niño que esta descubriendo algo nuevo.
-No, enséñame como- El rostro adusto de Elián comenzaba a desesperarme. "Poker Face" diría Lady Gaga.
Un par de instrucciones de como agarrar la cámara, de que botón apretar, de donde poner los dedos y Elián ya estaba listo para ser corresponsal de National Geographic.
A través del lente empezó a ver todo lo que había a su alrededor, quizá buscando desesperadamente que la realidad cambiara detrás de la cámara. Le pedí que me tomara una foto pero me ignoro olímpicamente y dirigiendo la cámara a la señora mayor le ordeno -Sonríe abuela- La señora mayor levanto la mirada y poso para la foto- saliste hermosa- Sentencio Elián.
La sonrisa de alegría de la abuela contrastaba con el rostro inexpresivo del niño.
Cuando Virginia se percato de que estábamos tomando fotos se acercó a nosotros e intento hacer plática y jugar con el pequeño.
-Hola Bonico, ¿como te llamas?- Pregunto con ese tonito que ponemos los adultos cuando hablamos con los niños de forma cariñosa, tratándolos como si fueran tontos- ¿Cuantos años tienes? ¿Vas a la escuela? ¿A que escuela vas? ¿En que grado vas? ¿Donde vives? ¿Me regalas un besito?
Todo el interrogatorio fue acompañado de un apretón en las mejillas que a ningún, absolutamente a ningún niño le gusta. ¿Quien nos dijo a los adultos que los niños disfrutaban esas muestras de afecto?
Elián seguía viendo alrededor, detrás de la lente de la cámara. Ahora su atención estaba puesta en la mulata y el hombre robusto; a él, no le agradaba mucho el jueguito de la cámara y de cuando en cuando volteaba y lanzaba una mirada inquisidora. Ninguna de las preguntas formuladas por Virginia obtuvo respuesta.
La abuela apenada por el silencio del pequeño, levanto la vista y mirando a Elián con infinita ternura, contesto dirigiéndose a nosotros -es muy penoso, tiene 10 años y se llama...- pude notar el amor que brotaba de sus labios cuando hablaba del chiquillo.
-Esta tan guapo que con gusto me lo llevaría para España- dijo Virginia mientras le revolvía el pelo.
La abuela clavo la mirada en la de Virginia escudriñándola para ver que tan cierto era el comentario que había dicho. Al final, hizo una mueca que intento ser una sonrisa de agradecimiento y bajando la mirada continúo con lo que estaba escribiendo.
Virginia no se rendía. -Pareces artista de cine de lo guapo que estas. ¿Quieres mucho a tu abuelita? Yo tengo 2 nietos hermosos tan guapos como tu. ¿Como se llaman tus papas? ¿Donde están?
Elián dejo la cámara y salió corriendo de la sala. El hombre y la mulata dejaron de empacar puros. La abuela levanto la mirada y la sonrisa que había mantenido hasta ese momento se desdibujo. Hasta el Che que tenia pintado en el pecho la anciana miraba a Virginia inquisidoramente. El silencio que reinaba en el lugar era sumamente incomodo.
La abuela suspiro hondo, se quito las gafas y tratando de sonar lo mas cortes posible exclamo -Hay chica, si tu supieras. Mi pobre niño ha sufrido mucho. La alegría se le ha escapado del cuerpo...- nuevamente el silencio reino en la habitación.
-Su padre dejo a la madre y al crio hace unos años para embarcarse con destino a Miami -trago saliva y continuo- Prometió que regresaría a buscarlos en cuanto se estableciera. Lo ultimo que supimos de él es que la barca en la que navegaban naufrago en las costas de Yucatán. Fueron rescatados y llevados a una casa de seguridad en lo que se arreglaba su repatriación. Un grupo armado irrumpió en la casa y secuestro a todos los cubanos que ahí se encontraban. Ni siquiera se si esta vivo mi hijo-. Volvió a respirar profundamente.
-Su madre se fue hace unos nueve meses. Se canso de la miseria en la que vivimos; Se que debe andar de puta en algún lado. No me molesta que ande de puta, cada quien hace con su culo lo que quiere. Lo que me molesta es que haya olvidado por completo a su hijo. Ni una llamada, ni un peso, ni una visita. Parece que se la trago la tierra. ¿Como explicarle a un niño que su madre lo abandono? ¿Como seguirle mintiendo con la promesa de que un día la madre volverá cargada de regalos para él y que la vida será mejor que antes? ¿Como explicarle que su padre probablemente este muerto? ¿Como decirle que su familia se desintegro tratando de darle un mejor futuro? -La voz se le entrecorto.
-Yo no puedo atenderlo como quisiera. Tengo que trabajar hasta las 4 de la tarde para mantenernos. Él se levanta, se viste y se va solo a la escuela. Cuando regresa tiene que servirse la comida y comer solo. Cuando llego por las tardes, como, me cambio y salgo con él a caminar por las calles para conseguir turistas que quieran comprar puros. Llegamos tan cansados que a veces nos dormimos sin cenar -sentenció la anciana. Por dentro me preguntaba si el cansancio era realmente la causa de la ausencia de cena o lo era la precaria situación económica.
A Virginia se le llenaron los ojos de lágrimas. Intentaba decir algo pero de su boca no salía palabra alguna. A mi el nudo en la garganta hace rato que me asfixiaba.
-No... Sabia -Exclamo Virginia. Nuevamente el silencio se apodero de la habitación.
El hombre robusto rompió el silencio y dijo con voz grave -Te voy a regalar un par de puros, escógelos -dijo, extendiendo a Virginia la caja que no había sido comprada.
Me levante y me dirigí hacia la calle buscando a Elián. No lo veía por ningún lado. Camine hacia la derecha y cruce la calle hacia un pequeño parque, volteando a ver hacia uno y otro lado. Nunca más lo volví a ver.
Justo cuando regresaba a la vecindad vi salir de ella a Virginia, al hombre robusto y a la anciana. Virginia agradeció la compra y se despidió de ambos. Empezaba a caminar hacia mi cuando se detuvo, se volteo y pregunto a la anciana -Si quiero cigarros mas adelante, ¿donde te busco?- Antes que pudiera contestar la anciana, el hombre lo hizo -No la busques, ella no vende puros. Ella únicamente engancha turistas y los trae para acá a cambio de un plato de comida. La puedes meter en problemas si la buscas. Si estas interesada en mas cigarros seguro nos encontraras.
Dicho esto agarro a la anciana del hombro, la introdujo al interior y cerro el portón. Regresamos al hotel cabizbajos y sin dirigirnos la palabra.
Desde ese día no he podido olvidar a Elián. Tengo muy presente en la memoria su carita inexpresiva. ¿Como puede el destino robarse la alegría de un niño? ¿Como puede robarse la inocencia? ¿Que pensaría Elián mientras clavaba su mirada en la mía? ¿Maldito, tu no has sufrido lo que yo?
Al día siguiente el mecanismo de defensa de Virginia había creado una explicación -Todo esta actuado para que sintamos lastima por ellos y compráramos lo que nos vendían. Los pobres cubanos viven de lo que le pueden sacar al turismo.
No quise discutir pero estoy seguro de que no es así. La mirada dura e inquisidora que tenia Elián no se consigue actuando. Se consigue a base de golpes de la vida, de frustraciones y de esos momentos que te forjan el carácter. Esa mirada la he visto en personas adultas que han pasado más tristezas que alegrías, pero nunca la había visto en los ojos de un niño.
Un par de meses después regrese a La Habana. Moría por recorrer las calles del centro. Quería volver a ver a Elián. Programe mi viaje para que me quedara toda la tarde libre del último día que pase en la isla. Camine horas y horas por las principales calles. Me senté en varias de las terrazas de los hoteles esperando verlo caminar tomado de la mano de su abuela. La espera fue inútil.
Una parte de mi esta contento de no haberlo visto nuevamente. Tengo la esperanza de no haberlo encontrado porque ya no sale a las calles a buscar turistas. Su madre regreso y le trajo todos los regalos que la abuela le había dicho. Se abrazaron y besaron por horas mientras ella le platicaba lo que había hecho. Había encontrado a su marido, al padre de Elián. Salió del país para rescatarlo y por eso no había vuelto a comunicarse con ellos. Fue muy difícil pero lo consiguió. El padre se había quedado en Miami consiguiendo una casa grande con un cuarto solo para Elián mientras la madre había ido a buscarlo a Cuba. Y veía a Elián sonreír, dando gracias a Dios por tanta bendición...
Mérida Yucatán, 2012
Hasta entonces me percate que junto a él se encontraba una señora de edad mayor que en ese momento me pregunto si estaba interesado en Puros Cubanos -Cohiba y/o Partagas directos de fabrica- me dijo. A mi no me interesaban pero a Virginia si; ella ya se encontraba en amena charla con los soneros. Le comente del ofrecimiento de la señora e inmediatamente entro en discusión con ella para intentar rebajar el precio de los cigarros. Ver negociar a Virginia es siempre un espectáculo en sí, generalmente siempre gana. Esta vez tuvo un feroz enemigo, la anciana no se rendía. Mientras esto ocurría me percate que Elián no dejaba de verme. Baje la mirada y me agache un poco para acariciarle el pelo, le pregunte como se llamaba y la respuesta fue la misma: Silencio.
Como las negociaciones no llegaban a ningún lado, Virginia decidió que no compraría nada hasta no ver el producto. Por primera vez, España y Cuba estuvieron de acuerdo. La señora nos pidió que la acompañáramos a donde se encontraban los cigarros.
Caminamos varias cuadras hasta llegar a las puertas de una vecindad no muy diferente de las que te encuentras en México. Ya mi atención estaba centrada en el pequeño Elián. Durante el trayecto lo había estado observando: no soltaba la mano de la anciana y le llamaba lo atención todo lo que se cruzaba; pateando todo lo que podía patear a su paso. De cuando en cuando volteaba a ver y me clavaba su mirada, o al menos eso me parecía, Pero no percibía en su rostro ningún gesto o signo de emoción.
Entramos al interior de la vecindad (que a decir verdad, lucia mucho mejor que el exterior) y nos dirigimos al departamento del fondo. Me encontraba alerta y con cierta desconfianza pues hasta ese momento caí en la cuenta que habíamos seguido a una desconocida con un niño a una vecindad que parecía abandonada para comprar cigarros en el mercado negro. ¿Donde había quedado el sentido común?
El departamento contrastaba con lo que se veía por fuera, tenia todas las comodidades que el capitalismo puede comprar; La televisión de 46 pulgadas de pantalla plana sobresalía del resto de los muebles. La casa se veía bastante cómoda y no se sentía que ahí se pasara penurias o que estuvieran preocupados de que iban a comer al día siguiente. Elián y yo nos instalamos en la sala acompañando a una joven mulata que miraba absorta una película vieja de vaqueros. Ni siquiera nos volteo a ver cuando invadimos su espacio. Un hombre mayor de complexión robusta se acercó a Virginia y le pidió que lo acompañara a la sala.
Nuevamente empezaron las negociaciones acerca del precio de los puros. De repente el hombre hizo una seña y la mulata sin dejar de ver la tele, se levanto y se dirigió a la cocina; regreso con 3 cajas de madera. La mujer mayor que nos llevo hasta allá, saco una libreta y empezó a escribir en ella.
El hombre se dirigió a la sala y saco de un cajón otra caja que contenía los sellos que garantizaban que el producto era legitimo y de calidad. El y la mulata de inmediato se pusieron a pegar los sellos a la caja y a los puros. El negocio se había cerrado.
-¿Me la prestas?- me dijo Elián.
-¿Perdón?- Respondí sin voltear, mientras veía como trabajaban con los puros
-Que si me prestas tu cámara fotográfica.
-¿Sabes como se usa?- le pregunte volteándolo a ver, seguro que encontraría ese brillo en los ojos de un niño que esta descubriendo algo nuevo.
-No, enséñame como- El rostro adusto de Elián comenzaba a desesperarme. "Poker Face" diría Lady Gaga.
Un par de instrucciones de como agarrar la cámara, de que botón apretar, de donde poner los dedos y Elián ya estaba listo para ser corresponsal de National Geographic.
A través del lente empezó a ver todo lo que había a su alrededor, quizá buscando desesperadamente que la realidad cambiara detrás de la cámara. Le pedí que me tomara una foto pero me ignoro olímpicamente y dirigiendo la cámara a la señora mayor le ordeno -Sonríe abuela- La señora mayor levanto la mirada y poso para la foto- saliste hermosa- Sentencio Elián.
La sonrisa de alegría de la abuela contrastaba con el rostro inexpresivo del niño.
Cuando Virginia se percato de que estábamos tomando fotos se acercó a nosotros e intento hacer plática y jugar con el pequeño.
-Hola Bonico, ¿como te llamas?- Pregunto con ese tonito que ponemos los adultos cuando hablamos con los niños de forma cariñosa, tratándolos como si fueran tontos- ¿Cuantos años tienes? ¿Vas a la escuela? ¿A que escuela vas? ¿En que grado vas? ¿Donde vives? ¿Me regalas un besito?
Todo el interrogatorio fue acompañado de un apretón en las mejillas que a ningún, absolutamente a ningún niño le gusta. ¿Quien nos dijo a los adultos que los niños disfrutaban esas muestras de afecto?
Elián seguía viendo alrededor, detrás de la lente de la cámara. Ahora su atención estaba puesta en la mulata y el hombre robusto; a él, no le agradaba mucho el jueguito de la cámara y de cuando en cuando volteaba y lanzaba una mirada inquisidora. Ninguna de las preguntas formuladas por Virginia obtuvo respuesta.
La abuela apenada por el silencio del pequeño, levanto la vista y mirando a Elián con infinita ternura, contesto dirigiéndose a nosotros -es muy penoso, tiene 10 años y se llama...- pude notar el amor que brotaba de sus labios cuando hablaba del chiquillo.
-Esta tan guapo que con gusto me lo llevaría para España- dijo Virginia mientras le revolvía el pelo.
La abuela clavo la mirada en la de Virginia escudriñándola para ver que tan cierto era el comentario que había dicho. Al final, hizo una mueca que intento ser una sonrisa de agradecimiento y bajando la mirada continúo con lo que estaba escribiendo.
Virginia no se rendía. -Pareces artista de cine de lo guapo que estas. ¿Quieres mucho a tu abuelita? Yo tengo 2 nietos hermosos tan guapos como tu. ¿Como se llaman tus papas? ¿Donde están?
Elián dejo la cámara y salió corriendo de la sala. El hombre y la mulata dejaron de empacar puros. La abuela levanto la mirada y la sonrisa que había mantenido hasta ese momento se desdibujo. Hasta el Che que tenia pintado en el pecho la anciana miraba a Virginia inquisidoramente. El silencio que reinaba en el lugar era sumamente incomodo.
La abuela suspiro hondo, se quito las gafas y tratando de sonar lo mas cortes posible exclamo -Hay chica, si tu supieras. Mi pobre niño ha sufrido mucho. La alegría se le ha escapado del cuerpo...- nuevamente el silencio reino en la habitación.
-Su padre dejo a la madre y al crio hace unos años para embarcarse con destino a Miami -trago saliva y continuo- Prometió que regresaría a buscarlos en cuanto se estableciera. Lo ultimo que supimos de él es que la barca en la que navegaban naufrago en las costas de Yucatán. Fueron rescatados y llevados a una casa de seguridad en lo que se arreglaba su repatriación. Un grupo armado irrumpió en la casa y secuestro a todos los cubanos que ahí se encontraban. Ni siquiera se si esta vivo mi hijo-. Volvió a respirar profundamente.
-Su madre se fue hace unos nueve meses. Se canso de la miseria en la que vivimos; Se que debe andar de puta en algún lado. No me molesta que ande de puta, cada quien hace con su culo lo que quiere. Lo que me molesta es que haya olvidado por completo a su hijo. Ni una llamada, ni un peso, ni una visita. Parece que se la trago la tierra. ¿Como explicarle a un niño que su madre lo abandono? ¿Como seguirle mintiendo con la promesa de que un día la madre volverá cargada de regalos para él y que la vida será mejor que antes? ¿Como explicarle que su padre probablemente este muerto? ¿Como decirle que su familia se desintegro tratando de darle un mejor futuro? -La voz se le entrecorto.
-Yo no puedo atenderlo como quisiera. Tengo que trabajar hasta las 4 de la tarde para mantenernos. Él se levanta, se viste y se va solo a la escuela. Cuando regresa tiene que servirse la comida y comer solo. Cuando llego por las tardes, como, me cambio y salgo con él a caminar por las calles para conseguir turistas que quieran comprar puros. Llegamos tan cansados que a veces nos dormimos sin cenar -sentenció la anciana. Por dentro me preguntaba si el cansancio era realmente la causa de la ausencia de cena o lo era la precaria situación económica.
A Virginia se le llenaron los ojos de lágrimas. Intentaba decir algo pero de su boca no salía palabra alguna. A mi el nudo en la garganta hace rato que me asfixiaba.
-No... Sabia -Exclamo Virginia. Nuevamente el silencio se apodero de la habitación.
El hombre robusto rompió el silencio y dijo con voz grave -Te voy a regalar un par de puros, escógelos -dijo, extendiendo a Virginia la caja que no había sido comprada.
Me levante y me dirigí hacia la calle buscando a Elián. No lo veía por ningún lado. Camine hacia la derecha y cruce la calle hacia un pequeño parque, volteando a ver hacia uno y otro lado. Nunca más lo volví a ver.
Justo cuando regresaba a la vecindad vi salir de ella a Virginia, al hombre robusto y a la anciana. Virginia agradeció la compra y se despidió de ambos. Empezaba a caminar hacia mi cuando se detuvo, se volteo y pregunto a la anciana -Si quiero cigarros mas adelante, ¿donde te busco?- Antes que pudiera contestar la anciana, el hombre lo hizo -No la busques, ella no vende puros. Ella únicamente engancha turistas y los trae para acá a cambio de un plato de comida. La puedes meter en problemas si la buscas. Si estas interesada en mas cigarros seguro nos encontraras.
Dicho esto agarro a la anciana del hombro, la introdujo al interior y cerro el portón. Regresamos al hotel cabizbajos y sin dirigirnos la palabra.
Desde ese día no he podido olvidar a Elián. Tengo muy presente en la memoria su carita inexpresiva. ¿Como puede el destino robarse la alegría de un niño? ¿Como puede robarse la inocencia? ¿Que pensaría Elián mientras clavaba su mirada en la mía? ¿Maldito, tu no has sufrido lo que yo?
Al día siguiente el mecanismo de defensa de Virginia había creado una explicación -Todo esta actuado para que sintamos lastima por ellos y compráramos lo que nos vendían. Los pobres cubanos viven de lo que le pueden sacar al turismo.
No quise discutir pero estoy seguro de que no es así. La mirada dura e inquisidora que tenia Elián no se consigue actuando. Se consigue a base de golpes de la vida, de frustraciones y de esos momentos que te forjan el carácter. Esa mirada la he visto en personas adultas que han pasado más tristezas que alegrías, pero nunca la había visto en los ojos de un niño.
Un par de meses después regrese a La Habana. Moría por recorrer las calles del centro. Quería volver a ver a Elián. Programe mi viaje para que me quedara toda la tarde libre del último día que pase en la isla. Camine horas y horas por las principales calles. Me senté en varias de las terrazas de los hoteles esperando verlo caminar tomado de la mano de su abuela. La espera fue inútil.
Una parte de mi esta contento de no haberlo visto nuevamente. Tengo la esperanza de no haberlo encontrado porque ya no sale a las calles a buscar turistas. Su madre regreso y le trajo todos los regalos que la abuela le había dicho. Se abrazaron y besaron por horas mientras ella le platicaba lo que había hecho. Había encontrado a su marido, al padre de Elián. Salió del país para rescatarlo y por eso no había vuelto a comunicarse con ellos. Fue muy difícil pero lo consiguió. El padre se había quedado en Miami consiguiendo una casa grande con un cuarto solo para Elián mientras la madre había ido a buscarlo a Cuba. Y veía a Elián sonreír, dando gracias a Dios por tanta bendición...
Mérida Yucatán, 2012
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